fbpx

A Axel Torres alguna vez le leí un tuit que decía más o menos que el fútbol tiene más capacidad de mantener su esencia mientras más alejado de la élite esté. Y su esencia es ser un juego. Y un juego nunca debe ser violento, ni estresante, ni motivo de peleas, insultos o golpes. Se nos olvida su condición de actividad lúdica porque se mueve muchísimo dinero, porque el fanatismo desborda lo racional y estallan los sentimientos, porque de alguna manera nos creemos con la capacidad de juzgar a los jugadores y a los equipos.

Fotorreportaje: Una noche de Segunda

Las grandes sumas de dinero generan poder y donde hay poder hay intereses, algunos transparentes y otros opacos. Por eso, la esencia del juego es inversamente proporcional a la profesionalización del deporte. Mientras menos te pagan, si es que te pagan, más fácil es demostrar tu amor por lo que haces. Bien por aquellos que aman al fútbol y además ganan en dólares, pero esos son solo algunos pocos. Unos afortunados en un universo entero.

Si bien, en alguna ocasión fui a ver a la Universidad SC y algún otro partido de Primera División que ahorita no recuerdo, nunca había estado en uno de Segunda. El equipo de mi papá, que también es el de mi abuelo, y por mandato casi celestial el mío,  es uno de los tradicionales del país, que siempre jugó en liga mayor y nunca, pero nunca, estuvo ni cerca de jugar en una división de ascenso.

…la principal virtud de la ignorancia es la capacidad de sorprendernos ante lo que no conocemos.

Me tardé casi 29 años en ir, motivado también por vivir un partido en un estadio con capacidad para 9,500 personas, aforo que solo lo superan cuatro estadios de liga mayor: el Doroteo Guamuch Flores, el Pensativo, el José Ángel Rossi y el Mario Camposeco. Así que fui acompañado de José Ochoa, el genial fotógrafo que ha querido colaborar en Cuatro Tres Tres.

Una hora de camino de zona 10 de la ciudad capital a Amatitlán un sábado a las 5 de la tarde, excesivo por el día y la hora pero comprensible por las condiciones viales que ya todos conocemos de Guatemala y los municipios que lo rodean. Llegamos temprano, con una hora de anticipación. Estacionamos en el parqueo frente a la única taquilla abierta mientras uno de los cuatro o cinco trabajadores de la organización nos indicaba donde dejar el carro haciéndonos señas en su chaleco verde Emetra, característico de personas de staff en cualquier evento. Unos 7 carros y otras 10 motos ya estaban estacionados. Todavía el sol daba sus últimos suspiros.

Faltaba una hora del partido y justo llegamos al inicio del segundo tiempo de un partido de la liga amateur del municipio. Definitivamente, la primera sorpresa. Impensable que en liga mayor se juegue antes de encuentro oficial. Creo que la principal virtud de la ignorancia es la capacidad de sorprendernos ante lo que no conocemos y así fue esa noche: sorpresa tras sorpresa.

Los jugadores, en su mayoría, llegaron en motos que podían estacionar en la pista de tierra de atletismo del estadio, justo frente a sus vestidores. Ya iban cambiados con su uniforme, listos para ponerse los zapatos y saltar a calentar. 587 aficionados llegaron al partido, que por cierto fue entre CSD Amatitlán, el histórico del municipio con 62 años de vida, y Juventud Amatitlaneca, el «nuevo» en la ciudad. Una porra con tambores y trompetas que repitieron las cuatro mismas canciones durante todo el partido, con excepción de algunos lapsos para retomar las energías, el aire o, como no falta, recordarle al árbitro que tiene mamá.

El estadio municipal Guillermo Slowing abre únicamente la tribuna y deja cerrada la curva detrás del arco norte y la preferencia. En el mismo espacio conviven las aficiones de los dos equipos, aunque la mayoría es del equipo de mayor antigüedad, que fue local esa noche. Logran convivir porque al final es un evento del municipio en el que los jugadores de los dos equipos se conocen, amistades que se encuentran en la grada e incluso se escuchó que llamaban por un apodo al árbitro de línea. Alguien en el público era su amigo. El fútbol sin violencia es posible aunque también se logra bajo esa inocencia que se percibe en un partido fuera de la máxima categoría.

Perros callejeros, la señora de los churrasco, el «chavo» de las manías, un equipo de transmisión del cable local que pasa en vivo los partidos, y los dirigentes de ambos equipos. Todos en una tribuna que se llenó en un 70 por ciento de su capacidad. El partido, que fue de la primera jornada del Clausura 2019 de la Segunda División, pasó a segundo plano. El ambiente, los detalles, los niños jugando fútbol con una pelota de plástico en el paso peatonal al fondo de la grada, y la sensación que solo las nuevas experiencias dan ganaron la noche.

Cero a cero terminó el «derbi del lago», como le apodó uno de nuestros lectores en respuesta a una historia que subimos en Instagram. Los jugadores se abrazaron, los aficionados salieron en orden hacia sus carros y motos, «Ochoita» que sacaba las últimas fotos y la señora apagando el  carbón dieron por concluida la noche.