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Históricamente, a Guatemala le ha resultado excesivamente difícil ratificar resultados positivos en partidos decisivos o de máxima exigencia. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, luego del histórico 2-0 a Estados Unidos en la ciudad de Guatemala, se fue a perder 4-0 a Columbus y después no se pasó del empate en Puerto España. Ese resultado fue, prácticamente, la eliminación rumbo a Rusia 2018.

También se empató con Cuba en la Copa de Oro 2015 luego del gran 0-0 contra México (que terminaría campeón de la competencia). Una victoria contra la isla significaba clasificar a la siguiente ronda.

Lo mismo en la eliminatoria para Brasil 2014 cuando un empate de visitante contra Estados Unidos era suficiente para clasificar a la hexagonal final pero se terminó perdiendo. Costa Rica nos goleó 5-2 en Miami en el partido de desempate tras vencerlos 2-1 en  Mazatenango rumbo a Corea y Japón 2002.

El objetivo debe ser jugar bien y con una idea ante Nicaragua y a partir de eso ganar el partido porque si no es así, de nada habrá servido la victoria contra Costa Rica.

Y así podría seguir enumerando partidos decisivos en los que Guatemala falló luego de resultados imprevistos o positivos. Tal vez nuestro fútbol no ha dado para más pero es complicado de entender que se le empate a México o se le gana a Estados Unidos y luego no seamos lo suficientemente buenos como para no ganarle a Trinidad y Tobago o a Cuba.

Partidos decisivos representan máxima exigencia deportiva y psicológica. En el segundo aspecto parece que es donde se está fallando. Preparar mentalmente a un jugador para partidos de alta tensión no es tarea fácil. Tampoco ayuda que sólo la mitad de los equipos en Liga Nacional cuenten con los servicios de un psicólogo deportivo que apoye a los futbolistas en ese sentido.

El primer gran reto de Amarini Villatoro era hacer un partido lo suficientemente bueno contra Costa Rica y así recuperar la confianza de la afición. También la de los propios jugadores. Ahora, tras un gran resultado en el Doroteo Guamuch Flores, el segundo reto del técnico más joven en la historia de la selección (aunque sea interino) es lograr preparar a los 20 jugadores que viajaron a Managua a enfrentar la exigencia psicológica del partido.

La expectativa generada tras el 1-0 ante los Ticos es enorme entre la afición, dirigentes y, seguramente, entre los jugadores. Ahora la selección tiene la presión de ratificar la victoria del viernes. También se presume que, ante una selección que históricamente es inferior en lo deportivo, Guatemala podría sentirse obligada a buscar el partido. Cómo manejar esa presión es la tarea del cuerpo técnico de la bicolor y así evitar un mal resultado o, aún peor, una actuación contrastante a lo vivido hace poco más de 72 horas.

El objetivo debe ser jugar bien y con una idea ante Nicaragua y a partir de eso ganar el partido porque si no es así, de nada habrá servido la victoria contra Costa Rica.