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Concacaf anunció el nuevo formato de sus eliminatorias mundialistas. Para Catar 2022, las seis mejores selecciones del ranquin FIFA de junio del 2020 jugarán la ya habitual hexagonal final. El resto, las otras 29 selecciones se dividirán en 8 grupos. Los líderes de cada grupo se enfrentarán en Cuartos de Final, Semifinales y una Final. Todos a ida y vuelta. El ganador se enfrentará al cuarto lugar de la hexagonal para decidir qué selección jugará la repesca intercontinental.

Luego, Twitter (siempre Twitter) se encendió. Hay tres tipos de personas. Primero, el hater, que afirma que no importa el formato porque Guatemala nunca va a clasificar. También está el iluso, que pensaba que nuestra azul y blanco podía clasificar al siguiente Mundial con el antiguo formato. Y el conspiracioncita, que afirma que todo está hecho para que Estados Unidos y México vayan “fácilmente” a Catar.  

Empecemos por los últimos. Con este nuevo formato, Concacaf lo único que hizo es evitar que nuestros vecinos del norte visiten innecesariamente las islas o países UNCAF previo a la hexagonal. Total, estadounidenses y mexicanos nunca se perdieron la fase final de la eliminatoria desde que se instauró rumbo al Mundial de Francia 1998.

Desde 1996, año que empezó la eliminatoria rumbo a esa Copa del Mundo, se han jugado seis hexagonales. México, Estados Unidos y Costa Rica son las selecciones que jugaron cada una de ellas. Trinidad y Tobago jugó tres. Honduras, Panamá y Jamaica dos, mientras que Guatemala, Canadá y El Salvador participaron en una respectivamente.

Luego, me pareció demasiado alarmista afirmar que ahora el camino de Guatemala se complicó “más”. Ojo al “más”, porque difícil siempre fue y seguirá siendo. Así que decidí contextualizar el nuevo formato de la Concacaf.

¿El camino es más largo? Definitivamente, no. Por ejemplo, para el Mundial de Alemania 2006, Guatemala jugó un total de 18 partidos. Supongamos que la selección hoy dirigida por Amarini Villatoro queda en el puesto 7 para abajo y le toca un grupo de 4 selecciones. En esa primera fase jugaría 6 partidos, 2 en Cuartos, 2 en Semis y 2 de la final. Luego 2 más contra el cuarto lugar de la hexagonal para un total de 14. 360  minutos menos que hace 14 años, cuando más cerca estuvimos de participar en el torneo más importante en selecciones.

En la última eliminatoria, rumbo a Rusia 2018, Guatemala, incluida la hexagonal a la que no clasificó, hubiera tenido que jugar 20 partidos para conocer su destino. Seis partidos más de los que jugará si no entra a la hexagonal final rumbo a Catar 2022.

Además, con el ranquin actual, no competiría contra Costa Rica, ni México, Estados Unidos, Honduras, Jamaica o El Salvador. Sí contra otras selecciones difíciles como Panamá, Trinidad y Tobago o incluso Haití, reciente semifinalista de la Copa Oro. Pero definitivamente no jugaría contra las actuales potencias del área.

En conclusión, el camino será más o menos difícil según las formas de trabajo. Procesos serios, amistosos que aporten, una liga estable y proyección de los jóvenes talentos son características de selecciones competitivas y desarrolladas. Sin importar el formato, Guatemala se debe preocupar primero por sanear sus problemas internos para luego salir a competir.