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Colaboración: Juan Carlos Ortega

Hace un par de días, viendo el partido entre el Barcelona y el Leganés, correspondiente a la jornada 20 de La Liga, una extraña sensación invadió mi cuerpo. Por un instante, a pesar de estar frente a un partido del deporte que más me apasiona, sentí mucha nostalgia al recordar aquel fútbol vistoso y de fantasía que practicaba el Barca de Pep Guardiola a principio de década. Un estilo de juego que además de ser sumamente efectivo, y de priorizar la posesión del balón ante todo, hizo disfrutar a cada persona que lo observaba.

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En ese momento, mi mente se transportó nueve años hacia el pasado para poder disfrutar de aquel equipo de época, que desplegaba un modelo mejorado del fútbol total, sistema implementado por la escuela holandesa en los años 70, y que estaba conformado por uno de los mejores centros del campo que el balompié moderno haya visto.

Lo único en que podía pensar era en Xavi Hernández y la sutileza con la cual lideraba, como buen director de orquesta, esa mágica sinfonía que plasmaba en un campo de fútbol la idea que Johan Cruyff sembró en el Camp Nou. En la irrupción de un jóven Sergio Busquets en el once titular del club catalán que, a pesar de su corta edad, manejaba los tiempos del equipo con la elegancia y el timing de un reloj suizo. Y obviamente en aquel pequeño mago del balón con el número 8 en la espalda, Andrés Iniesta.

Tanta melancolía me hizo recordar uno de mis documentales favoritos…

Al pensar en Iniesta, lo primero que vino a mi cabeza fue su mítica celebración, corriendo sin camisa hacia uno de los banderines de córner con sus compañeros de equipo, para festejar una anotación histórica. Y no hablo de aquel agónico gol contra el Chelsea, en la semifinal de vuelta de la Champions, disputada en Stamford Bridge. Esa hermosa celebración, que recuerdo como si hubiese sido ayer, la realizó en Johannesburgo, para ser más exactos en la final de Sudáfrica 2010 e hizo vibrar a un país entero.

En mi mente está tan presente la imagen de Rafael Van der Vaart, que había quedado como capitán de la naranja mecánica tras la salida de Van Bronckhorst, intentando detener el tiro del futbolista nacido en Fuentealbilla en con una barrida de último recurso. A Maarten Stekelenburg tratando de achicar el remate y de hacer la portería lo más pequeña posible. Y los botines Nike ctr360 de Andrés Iniesta impactando a la perfección aquel balón Jabulani blanco con detalles dorados y mandándolo hasta el fondo de la red para cambiar la historia el fútbol español.

Tanta melancolía me hizo recordar uno de mis documentales favoritos, el Informe Robinson: Cuando fuimos campeones. Este material audiovisual, lanzado al aire el 25 de diciembre de 2010, muestra el lado más humano y personal de cada uno de los integrantes de la selección española, quienes tocaron el cielo con las manos en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Durante el transcurso del reportaje, Michael Robinson, creador de este programa de televisión, se centra principalmente en la historia del héroe de la final de Johannesburgo, Andrés Iniesta. Previo a la cita mundialista, el mediocampista del FC Barcelona sufre una serie de lesiones musculares las cuales ponen en duda su convocatoria para la Copa del Mundo. El futbolista manchego logra llegar entre algodones a dicho torneo, para luego imponerse como uno de los máximos artífices del mayor triunfo en la historia del fútbol español.

Crónica: Una visita a Segunda

Esta obra maestra de la televisión española está repleto de anécdotas, bromas e historias inéditas de un equipo que cargaba con la presión de ser el principal favorito al título y romper la maldición histórica de un país en el que soñar con el éxito internacional parecía ser un pecado. Claramente, la historia de la selección española no siempre ha estado plagada de triunfos como en épocas recientes y Sudáfrica 2010 fue el punto de inflexión para una de las mejores camadas de futbolistas españoles.

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